El nuevo Guayaquil

Tuve la grata visita de un ex cónsul de carrera que a los años regresó a Guayaquil. El vivía frente al malecón y diariamente tenía la costumbre de recorrerlo a pie, sorteando basura, drogadictos, vagabundos, etc. No podía creer lo que ahora veía. Luego le inicié un pequeño paseo por la ciudad: el palacio de cristal, donde él iba a comprar frutas, arriesgando a caerse por la suciedad y desperdicios que lo llegaron a caracterizar; el malecón del Salado, las luces danzantes, la regeneración urbana, los suburbios donde pudo comprobar que en casas humildes tenían agua y alcantarillado, los parques bien mantenidos, muchos con implementos para hacer ejercicios; la metrovía, etc.
 
En fin, toda una labor de transformación que más fácilmente la aprecia un visitante que conoció la ciudad de antes. Pese a haberme quedado corto en el recorrido que le hice, se puede hablar de un Guayaquil de ANTES y DESPUES. Me estoy refiriendo a la obra municipal llevada a cabo por dos Alcaldes: León Febres Cordero y Jaime Nebot. Todo responde a un plan de desarrollo bien concebido, que tiene que irse cumpliendo, quizá con correcciones de acuerdo a las realidades, pero sin apartarse de él. Desde esta columna vengo sosteniendo lo importante que es para un municipio planificar técnicamente, no improvisar, sin pensar: "qué me puede dar más votos, si quiero reelegirme", como sucede en muchos cantones de nuestra costa.

Guayaquil, se ha convertido en uno de los ejemplo de regeneración urbana en latino-América, como lo es también: Medellín. Todos estos cambios que se han producido en nuestra ciudad, la ha convertido en un atractivo turístico y, ahora, tenemos mucho que enseñar al extranjero que llega a nuestra patria chica. En lo personal, puedo invitar a mis amigos, que hice durante las misiones diplomáticas que desempeñé, para que vengan a Guayaquil y estoy seguro que no los defraudaré.

Qué podrán conocer una de las bellas ciudades tropicales de nuestro continente. Hago votos porque se logre conseguir un entendimiento entre el Municipio y el gobierno, dejando a un lado resentimiento y posiciones políticas. Con un trabajo coordinado se podrán cumplir en menor tiempo las metas trazadas, y los únicos beneficiados serán los millones de ciudadanos que, de todas partes de la república, habitan en Guayaquil.

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