Chachapoyas un lugar donde deverias conocer

Soberbias ciudadelas chachapoyas que no figuran en los mapas ni en la información turística

Tarde o temprano se darán cuenta de que es diferente entre conocer el camino y recorrer el camino”, nos dijo el guía Martín Chumbe. “Ahora eres filósofo”, replicó con cachita Miriam. Me quedé callado, ya sabía  lo que eso significaba: una larga jornada bajo el sol. Subimos al carro y abandonamos Leymebamba en medio de una refrescante bruma matinal. hasta Molinete y su asombroso túnel de piedra, que atraviesa una gruesa muralla hecha del mismo material de lado a lado. Fue allí que una señora nos invitó miel silvestre con todo y panal, una delicia.

Trepar hasta Pumahuañuna y Cataneo, ubicadas en las cimas de sendas colinas, no fue fácil, pero valió la pena. Entre la maleza, los helechos y los retorcidos árboles, se lucían impresionantes  viviendas y templos circulares de piedra: algunos de más de diez metros de altura y con una gran variedad de
frisos, además de los aleros hechos de lajas. Estos detalles revelan que estos monumentos históricos tenían una relevancia especial dentro de la cultura Chachapoyas.

Una belleza ignorada por los operadores turísticos. Todavía movidos por el paisaje y con la luz escapando rápidamente, descendimos a Leymebamba en silencio. El chofer estacionó el auto en las alturas de Leymebamba. Dio media vuelta y se marchó.  Empezamos a latear por campos de pastoreo; no por gusto, esta comarca es reconocida por sus productos lácteos. Cuarenta minutos después, en la finca Las Palmas, de Marlon Morocho, observamos cómo ordeñaban a las vacas. Nos pusimos nuevamente en movimiento y, preguntando a los ganaderos, nos  orientamos

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